Después de pasar unas cuantas semanas concentrando mis ratos libres en la lectura de los cinco tomazos de Canción de Hielo y Fuego (a.k.a Juego de Tronos), del ahora archiconocido George R. R. Martin, ya me veo capacitado para escribir unas palabras sobre ello. Por supuesto, las primeras palabras no pueden ser otras que 'Por favor, George, no mueras antes de acabar la saga'. ¿Las segundas? Las segundas deberían ser 'No sabes nada, Jon Snow'. Y las terceras... bueno, habrá que entrar en materia.
Antes de nada, debo decir que soy de los que llegó a la saga por la serie de la HBO, y que no empecé a leerla hasta bien entrada la tercera temporada. ¿Quiere decir esto que soy un salvaje, un cambiacapas y un deshecho de la sociedad? Por supuesto, pero esa no es la cuestión. La cuestión es, por supuesto, que ya se ha dicho y se sigue diciendo mucho, demasiado, de la serie de televisión y de los libros, y que todo lo que yo pueda añadir no será más que uno de tantos lugares comunes que pueblan internet.
