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domingo, 2 de diciembre de 2012

Las consolas de nuestra infancia: Master System II


     
 Si, si, ya lo se, ya lo se. Se perfectamente lo que estáis pensando, por qué hablo de Master System II y no de su antecesora. Pensaba no daros esta explicación, pero mira oye, os lo voy a contar. Siempre ha habido segundas partes y remodelaciones de muchas consolas, como Mega Drive 2, GameBoy Pocket o Playstation 2 Slim, pero este es probablemente el único rediseño de una videoconsola que supere en popularidad al original. De hecho yo me pasé gran parte de mi vida pensando que la primera Master System no existía, ya que durante mi niñez no conocí absolutamente a nadie que la tuviera, y mira que conocí gente con Master System II, entre ellos yo.
   Vale, ahora lo entendéis todo. No es casualidad que la primera máquina que toco en esta serie de artículos sea Master System II, la consola de mi infancia. Esta consola de 8 bits de Sega no vio la luz hasta 1990 en Europa, donde aún tenía un buen mercado, con una competencia atroz con la Nes de Nintendo, y consiguió muy buenas cifras de venta, de hecho era la consola estrella de las comuniones, gracias a su reducido precio, unas 8.000 pesetas de las de entonces, y más si tenemos en cuenta que los juegos de estreno costaban unas 5.000, en contra de las ocho mil pelas que valía un juegos de Nes. Y si encima contaba con una línea económica de juegos a 2000 pesetas ya ni te cuento. ¡Un juego de Nes valía lo mismo que una “Master”! Con estos precios tan populares era la verdadera “consola del pueblo”.


   Probablemente fuese la consola más europea de la historia, porque aunque era de origen japonés (donde se llamaba Mark III), hizo suyo el territorio del viejo continente, donde triunfó sobremanera, incitando a muchos desarrolladores (entre ellos europeos, como Codemaster) a lanzar sus juegos sólo en Europa. Eso sin contar sus refinadas y redondeadas líneas, con compartimento deslizante incluido para introducir cartuchos. Una de las máquinas lúdicas más elegantes que se recuerdan.
   Pero no solo Europa se llevó todo lo bueno de esta consola, Australia también la acogió con cierta aceptación. Aunque para aceptación la de Brasil, la empresa juguetera Tec Toy se hizo con la licencia de Sega y transformó a esta videoconsola en todo un icono de aquel país, sacando varias versiones más del cacharro, en incluso portando grandes éxitos arcade como Street Fighter II, con sus limitaciones, claro. En Brasil los niños no dicen videojuego, dicen Master System.




   COSAS QUE LA HACÍAN ÚNICA
   Si hay que destacar alguna cosa por encima de cualquier otra era sin duda que en la memoria del cacharro venía el maravilloso e inmortal juego Alex Kidd in Miracle World. Eso si que era un detallazo, regalarte con la compra  el mejor y más auténtico juego de la consola. Quién no ha jugado a este videojuego alguna vez, quién no ha roto bloques con aquel puño inmenso, y decidme que no habéis jugado al Piedra-papel-tijera. Qué recuerdos.

               
   Ahora, que lo que hacía de verdad única a la consola era esa fastidiosa, farragosa y criminal ausencia del botón de pausa en el mando. ¡¡¿A quién se le ocurre poner el botón de pausa en la propia videoconsola?!! Esa broma pesada nos costó más de un molesto problemilla para levantarnos a pausar la partida y darle un mordisco al bocata de Nocilla, o lo que fuese. Yo creo que en Sega aún se están riendo de aquello… Eso si, ahora nos acordamos con cariño.
   Y qué me decís de aquel pad. Ya no me quejo de su forma rectangular, cuyos ángulos se te clavaban en la palma de la mano (cosa que tenía en común con el mando de Nes), sino que aquella “cruceta” de dirección estaba ideada por el mismo personaje que puso el botón de pausa en la consola, atroz. Era cuadrada y para colmo duraba dos telediarios, se rompía con mirarla. Yo conocí gente que utilizó como recambio de cruceta un tazo, si, si, un tazo de Chiquito de la Calzada de los que regalaba Matutano por aquellas fechas. Eh, y funcionaba al pelo, palabrita.
   Si os hablo de un bloc de notas a cuadros seguro que se os viene a la cabeza aquellas horrendas carátulas a cuadros que acompañaban a la caja de los juegos, con esas ilustraciones (por llamarlas de alguna forma) hechas por el primo pequeño del que ideó el botón de pausa (si, ya se que estoy un poco pesado con el tema, pero es que era de cárcel), y además con rotulador Carioca, seguramente. Pero sigo diciendo lo mismo, ahora lo añoras como si fuesen una obra de arte. Menos mal que en la última etapa de la consola las ilustraciones de las cajas mejoraron considerablemente. Aunque eso no compensaba los feos y austeros cartuchos con aquella banda roja también a cuadros, aunque todo hay que decirlo, eran pequeños y manejables.

                          
   Y no nos olvidemos de la espectacular sinopsis que venía en la parte trasera de la caja del juego, verdadera literatura (en chorrocientos idiomas), que además nos trataba de “usted”, me sentía todo un señor, de hecho yo iba a la tienda a comprar los juegos con smoking, claro que si. Pero lo de “usted” no se quedaba en la contraportada, en las instrucciones escritas en aquella tinta azul tan característica seguían tratándote como un jefe. Claro todo esto hacía que el precio final de los juegos no se encareciera demasiado, a cosas como esta me refiero con lo de “consola del pueblo”.

   JUEGOS MÁGICOS
   No solo de Alex Kidd y Sonic se alimentaba el fuego mágico de esta consola, hubo muchos más juegos que nos hicieron soñar, como aquel Castle o Illusion de Mickey Mouse, que recuerdo que tenía todo el mundo, y es que los juegos de Disney de la época hechos por Sega eran una delicia. O aquel interminable Asterix, sin olvidarnos de la maravillosa saga Wonder Boy o el difícil Shinobi y otras conversiones de recreativa como Outrun o Hang On. Y qué me decís del incomprendido Populous, y los juegos baratos como Black Belt o Transbot que tantas alegrías y frustraciones nos dieron. En fin, no me enrollo más, ya os hablaré de ellos con más detenimiento en otro momento.

   AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS
   Los años 90 acababan de establecerse entre nosotros y el buen rollito ochentero aún estaba latente entre la sociedad española, atrás quedaba la Movida y esos pelos cardados, y en la tele empezábamos a ver más canales a parte de la 1 y la 2, Antena 3 y Telecinco empezaban sus primeras emisiones  mientras nos embelesaban con series animadas como Campeones: Oliver y Benji, que disfrutábamos merendando Phoskitos. Además en las televisiones autonómicas comenzaban a asomar las primeras imágenes de un niño de peinado imposible que buscaba unas bolas de dragón. Y en el cine viajábamos en el tiempo con Regreso al futuro III, creíamos en el cuento de la Cenicienta con Pretty Woman y se nos caía una lagrimita con Eduardo Manostijeras. Qué tiempos.

      

   TOQUE PERSONAL
   Aunque Master System no fue la primera consola que tuve si es la que más rememoro con nostalgia. Influenciado por mi círculo de amigos, que eran unos fanboys de Sega de tomo y lomo, el conseguir esta consola se convirtió en casi mi único objetivo a base de dar el coñazo a mis padres, lo cual se convirtió en todo un reto puesto que por aquel entonces la cosa no estaba para tirar cohetes económicamente por mi casa (casi como ahora) así que tuve que sudar sangre, sudor y lágrimas para conseguirla. Definitivamente en mayo del 92 conseguí engañar a mis padres con una parte del dinero que recaudé de mi comunión, ¿para qué eran sino las comuniones? Recuerdo perfectamente que era un sábado por la tarde cuando paseaba ansioso por los pasillos de la sección de electrónica del Corte Inglés buscando mi Master System II, cuando por fin tuve entre mis manos aquel pack con Alex Kidd, Sonic y dos mandos, no me lo podía creer, y encima me regalaron un reloj muy “reshulon” del erizo azul. Claro, que cuando mi padre se enteró de que aquel caro cacharro solo traía dos juegos casi me mata, afortunadamente con el tiempo comprendió que aquella tecnología valía un dinero.

   
   Podría pasarme párrafos y más párrafos hablando de este aparato, pero no queda espacio para más, solo queda el recuerdo y la añoranza de una máquina que nos robó muchas tardes y se convirtió en nuestra cómplice en una edad en la que todo lo que no era jugar era perder el tiempo.
   Si os habéis quedado con ganas de más os dejo un enlace de otro artículo que escribí hace unos años para Pixfans aquí.

1 comentario:

  1. Genial artículo
    Yo era más de NES, y la Master la conocí por unas primas mías que la tenían. Recuerdo a Alex Kid jugando a Piedra Papel tijera y pensar "uhau, qué juegazo!" :D
    Aun hoy, la enchufo de vez en cuando (la que compré hace poco en un cash converter :D ) para escuchar la musiquilla del pequeño Alex. ¡Qué recuerdos!

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